Si tú me quisieras, andaría dos kilómetros por verte todos los días, catorce a la semana, cincuenta y seis al mes... Y un día tras otro, andando sin descanso por verte, por ver cómo y cuánto me quieres, recorrería el mundo entero sin darme cuenta de los pasos que voy dando tras tus pasos. Y no me cansaría nunca.
Si tú me quisieras, peinaría tu pelo el día que a ti te faltaran manos. Y cuando necesitases ser besada, no tardaría en apagar tu apetito. Pronunciaría tu nombre con orgullo, si tú me quisieras.
Te pondría música para que soñaras antes de dormir, te leería cuentos para que fueras feliz, inocentemente feliz, como los niños felices.
Creería en tus pies, en tu manos, en tu vientre dulce, en tu cuello frágil, en tus elegantes caderas y tus manos suaves. Y a ellos me entregaría, si tú me quisieras de principio a fin.
Después de haberte amando una noche cualquiera, olería el perfume de tu sudor, y me acercaría más a ti, humildemente.
Te vería recién levantada, pero si tú me quisieras, elogiaría tus atributos naturales, el color natural de tu piel, el sonido de tus pies descalzos cuando pisan el suelo una mañana de luz.
Si tú me quisieras, borraría tus lunares a golpe de besos, te haría cosquillas en la espalda con la yema de mis dedos y la palma de mis manos, me aprendería el contorno de tu cuerpo como hacen los ciegos y desarrollaría de manera especial el sentido del gusto, el tacto y el olfato para poder reconocerte sin mirarte. Y lo haría por ti, si tú me quisieras como yo quiero que me quieras. Entonces, sería suficiente para los dos, y no haría falta nada más para ser feliz si ambos nos quisiéramos sin llegar a destacar en nada, salvo en querernos.

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